Christian Unity 2005
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Einheit der Christen
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Christian Unity
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Unidad de los cristianos
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Unité des chrétiens
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Unidade dos cristãos
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SEMANA DE ORACIÓN
POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
Cristo, fundamento único de la Iglesia (1 Cor 3, 1-23)
PRESENTACIÓN
Introducción
Tenemos el gusto de anunciar el nacimiento de una nueva etapa de
colaboración entre el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de
los Cristianos (Iglesia Católica) y la Comisión Fe y Constitución (Consejo
Ecuménico de las Iglesias). En efecto, una nueva etapa hacia la unidad de
los cristianos. Este año, por primera vez, el texto de la Semana de
oración por la unidad de los cristianos no sólo ha sido preparado en común
por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
y Fe y Constitución, sino que se publican conjuntamente por los dos
organismos las versiones francesa e inglesa. Agradecemos muy sinceramente
a la Conferencia Episcopal Española haber asumido generosamente la
responsabilidad de traducir al español este folleto. Os animamos a hacer
buen uso de este texto, naturalmente en la semana especial y a lo largo
del año, como base para vuestra oración personal y pública por la unidad
durante este año.
†Brian Farrel, Secretario
Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
TEXTO BÍBLICO PARA EL AÑO 2005 (1 Cor 3, 1-23)
“Hermanos, no me fue posible entonces trataros como a hombres maduros en
el espíritu; tuve que hacerlo como a personas inmaduras, como a cristianos
en estado infantil. Os nutrí con leche y no con alimentos fuertes, ya que
no erais capaces de más. Y tampoco lo sois ahora.
Aún estáis sujetos a las apetencias humanas. Pues mientras haya entre
vosotros envidias y rivalidades, es señal de que os dominan esas
apetencias y de que no habéis superado el nivel puramente humano. En
efecto, cuando uno dice: “Yo estoy con Pablo”, y otro “Yo con
Apolo”, ¿no demostráis que sois todavía demasiado humanos?
¿Qué es, en definitiva, Pablo? ¿Y qué es Apolo? Simples servidores que os
condujeron a la fe, valiéndose cada cual del don que Dios le concedió. Yo
planté y Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer. Así que ni el que
planta ni el que riega cuentan para nada; Dios, que hace crecer, es el que
cuenta. Y entre el oficio de plantar o el de regar no hay diferencia, si
bien cada uno recibirá el salario en proporción a su trabajo. Lo único que
nosotros hacemos es colaborar con Dios; vosotros sois el campo que Dios
cultiva, la casa que Dios edifica.
Yo, respondiendo al don que Dios me ha concedido, he puesto los cimientos
como buen arquitecto; otro es el que levanta el edificio. Mire, sin
embargo, cada uno cómo lo hace.
Desde luego, el único cimiento válido es Jesucristo, y nadie puede poner
otro distinto. Pero sobre ese cimiento puede construirse con oro, plata y
piedras preciosas, o bien con madera, paja y cañas. El día del Señor hará
luz sobre el valor de lo que cada uno haya hecho, pues ese día vendrá con
fuego, y el fuego pondrá a prueba la consistencia de la obra de cada uno.
Aquel cuyo edificio, levantado sobre el cimiento, se mantenga firme, será
premiado; aquel cuyo edificio no resista al fuego, perderá la recompensa.
A pesar de lo cual, él se salvará, si bien como el que a duras penas
escapa de un incendio.
¿Ignoráis acaso que sois templo de Dios y morada del Espíritu divino? Si
destruís el templo de Dios, Dios mismo os destruirá a vosotros; no en vano
el templo de Dios es algo santo, y vosotros mismos sois ese templo.
Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros presume de listo según los
criterios de este mundo, mejor será que se convierta en necio, para
alcanzar así la verdadera sabiduría. Porque la sabiduría del mundo es
necedad a los ojos de Dios. Así lo dice la Escritura: Dios atrapa a los
sabios en su propia astucia. Y en otro lugar: El Señor sabe lo vanos que
son los pensamientos de los sabios. Que nadie, pues, ande presumiendo de
quienes no pasan de ser hombres. Todo os pertenece: Pablo, Apolo, Pedro,
el mundo, la vida, la muerte, lo presente y lo futuro; todo es vuestro.
Pero vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios”.
Traducción ecuménica del Nuevo Testamento
INTRODUCCIÓN TEOLÓGICA Y PASTORAL
CRISTO, FUNDAMENTO ÚNICO DE LA IGLESIA (1 Cor 3, 1-23)
Este tema ha sido elaborado en un contexto de fe caracterizado por las
nuevas posibilidades que se ofrecen a la Iglesia. Después de más de diez
años, las Iglesias de Eslovaquia conocen un periodo de renovación y
desarrollo tras una cuarentena de años de situación política que, aunque
podían existir, se impedía su expansión y se limitaba su testimonio en la
sociedad.
Para preparar el tema de la Oración por la Unidad de este año, el grupo
reflexionó sobre las siguientes cuestiones:
- ¿Cual es el fundamento sobre el cual se construye la nueva “existencia”
de sus Iglesias?
- ¿Existe un espacio de creencia en la unidad dentro del proceso de fe de
las respectivas comunidades confesionales?
- ¿Cuáles son los medios para fortalecer el servicio de la Iglesia?
En el Nuevo Testamento se encuentran las cartas dirigidas a las Iglesias
para animarlas en su creencia espiritual viviendo en un mundo
frecuentemente hostil a los valores del Evangelio.
Entre ellas, la primera carta a los cristianos de Corinto es el texto
sobre el que se basa el
trabajo del grupo preparatorio. La reflexión que sigue es una introducción
teológica y pastoral
al tema de este año y al octavario de oración, que se inspira
principalmente en la situación
eslovaca y en la experiencia reciente de sus comunidades cristianas. El
deseo del grupo preparatorio es que estas consideraciones puedan estimular
a las Iglesias en su contexto específico, sea la que sea la situación en
la que se encuentren sus comunidades cristianas, tanto si se trata de fe
como si está en declive.
Crecer en la fe significa crecer en la unidad
Sobre la experiencia del crecimiento en la fe se constata en Eslovaquia
que es realmente un don para todas las Iglesias de este país. Personas que
estuvieron apartadas de las Iglesias antes de los acontecimientos de 1989,
comenzaron a aproximarse a ellas para encontrar respuestas a las
cuestiones importantes de su vida. Ello muestra que las Iglesias, en su
faceta de difundir el mensaje del Evangelio, tienen que adaptarse a este
nuevo contexto. La situación en
Eslovaquia no fue más diferente que la que encontró Pablo cuando ayudaba a
crecer a la
Iglesia de Corinto.
A pesar de ello, este proceso de fe no está exento de fracasos y problemas.
Pablo constata que los corintios no están aún preparados para recibir el
alimento sólido que permite crecer en la fe. Es normal que para empezar a
crecer hay que beber leche. Sin embargo, si después de un cierto tiempo el
cuerpo no llega a absorber alimento sólido, significa que el organismo no
funciona correctamente.
Pablo emplea una expresión muy fuerte para describir a los corintios. Les
llama “hombres carnales” porque no alcanzaron la madurez espiritual. Viven
todavía según sus inclinaciones humanas que se manifiestan en sus deseos y
disputas mezquinas (día primero).
¿Cómo Pablo pudo utilizar palabras tan fuertes para describir a un pueblo
donde la Iglesia es rica en múltiples dones y está llena de vida? Esta
riqueza la conoce bien Pablo y se refiere a ella en 1 cor 14.
Esta falta de madurez espiritual no se manifiesta en la ausencia de finos
razonamientos o elementos visibles de poder. La comunidad es rica en dones
y en obras. A este respecto, no era más pobre o más débil que otras. Por
tanto, Pablo califica a esta Iglesia de carnal; llama niños a los
corintios. ¿Por qué? Por la ausencia de unidad entre ellos.
Las Iglesias de Eslovaquia se preguntan en qué medida su crecimiento ha
sido auténtico en estos últimos quince años de libertad y de nuevas
responsabilidades. ¿Qué valor tienen los resultados alcanzados, si es
verdad que todavía existen tensiones entre las diferentes confesiones? Las
Iglesias de Eslovaquia comprendieron la necesidad de orar para que los
cristianos crezcan en la fe y que este crecimiento esté marcado por la
unidad en el servicio y por una comprensión recíproca.
La humildad en el servicio es fuente de unidad La división que reinaba en
Corinto no había sido capaz de rechazar ciertos principios de la fe. El
verdadero problema había sido el rechazo a abandonar los antiguos
comportamientos humanos. A pesar de los diferentes dones espirituales que
los corintios habían recibido, faltaba alguna cosa, como la unidad del
espíritu y sus intenciones necesarias. Pablo rechaza esta forma de ser
cristianos. Él no cae en la trampa de los deseos que profesan ciertos
fieles, que los adoran y los reclaman. Insiste sobre el hecho de que ni él
ni Apolo son “dueños” de lo que les pertenece. Son “servidores (de otros)
para ser llamados a la fe” (1 cor 3,5). Además, no ejercen este ministerio
gracias a sus solas fuerzas. Realizan este servicio según los dones que el
Señor les concedió.
Esta actitud es a la vez signo de humildad y de grandeza. La manera en que
Pablo concibe el ministerio no se inscribe en una perspectiva terrena,
según la cual un simple servidor se sitúa en las antípodas del deseo de
ser servido como alguien importante en la Iglesia. Jesús nos enseña, en Mt
20,28, que “el Hijo del Hombre vino al mundo no para ser servido, sino
para servir”. Por ello, todos los dones recibidos deben ser puestos al
servicio del plan de Dios, de tal forma que indiquen que el autor es más
que el destinatario. Pablo comprende que el fruto de este servicio será
diferente por fundamentarse sobre la cooperación. Precisamente este es el
don que los eslovacos han experimentado. En la nueva situación que se ha
creado, en razón sobre todo de la movilidad de las personas, los
servidores a menudo no se dan cuenta de los frutos de la palabra que ha
sido plantada. Hoy, como en los tiempos de Pablo, unos plantan como
entonces y otros son los que proveen cada día de lo necesario para el
crecimiento, y otros son los que se ocupan de la cosecha. En el pasado,
las personas se pasaban toda su vida en el mismo pueblo o ciudad; los
pastores locales podían seguir las necesidades espirituales de sus fieles
desde el momento en el que sembraban la semilla del Evangelio hasta la
cosecha de frutos. Hoy día se da el caso de muchas personas que están
comprometidas en este proceso de crecimiento no sin problemas. En el mismo
seno de las Iglesias de la misma confesión se producen tensiones entre los
fieles, como también las hubo en el caso de Corinto. Además, se olvida a
menudo que no son los ministros los que hacen crecer en la fe, sino que
“solo Dios cuenta, él hace crecer” (día segundo).
Esta situación debe hacernos reflexionar: ¿en qué medida las tensiones que
hay entre nosotros están provocadas por diferencias doctrinales? ¿No somos
todavía demasiado orgullosos?
¿Hasta qué punto nuestras acciones están sometidas al poder más que al
deseo y a la voluntad de servir?
Pablo tuvo que afrontar una situación semejante entre los cristianos de
Corinto. La respuesta que hay que aportar es la de la humildad en el
servicio como medio para comprender la unidad. Esta es la experiencia que
a través de las convivencias o hacen las Iglesias todavía hoy.
Hemos aprendido que somos compañeros de trabajo, que trabajamos juntos en
la obra de
Dios, cada uno edificando sobre el único fundamento que Él ha puesto, que
es Cristo.
Conscientes de ello, podemos apoyarnos unos a otros y actuar según la
gracia que Dios ha dado a cada uno de nosotros (día tercero).
Edificar el servicio sobre el único fundamento
Tenemos una gran responsabilidad en nuestro servicio. El fundamento ha
sido puesto, pero el edificio construido sobre este fundamento depende del
trabajo de cada constructor. ¿Cualquier actitud de nuestra parte será
signo del don recibido de Dios? Pablo, en su carta, subraya que existe una
diversidad de dones y servicios, pero también todos proceden del mismo y
único
Señor. La diversidad es ofrecida por el mismo Espíritu para el bien de
todos los miembros y para la unidad del cuerpo de la Iglesia (1 Cor 12,4
ss). Estos dones deber ser utilizados sabiamente para edificar la Iglesia
y para construir puentes como signo de esperanza y de unidad en Cristo (día
cuarto).
Para Pablo y para nosotros está claro que en el trabajo realizado se pone
de manifiesto la obra de cada uno. En el pasado las Iglesias han estado, a
veces, muy ocupadas en solucionar sus problemas internos en lugar de
proclamar el mensaje de la muerte y de la resurrección de
Cristo como fundamento de la vida cristiana. Por el contrario, Pablo
siempre es considerado como responsable de sus acciones y de sus obras
ante Dios. Igualmente, las Iglesias deben sentirse responsables ante Dios
y ante los demás, como también ante sus compañeros en el servicio. La
tarea a cumplir revelará en qué medida hemos sido buenos discípulos de
Cristo (día quinto).
En estos esfuerzos para animar a los cristianos de Corinto, Pablo deberá
debía definir cuál era su identidad. Puesto que ellos habían recibido el
don del Espíritu, llegaron a ser el templo de
Dios y edificados a su imagen. Esta realidad invita a los cristianos a
vivir unidos en el Espíritu
Santo que, a su vez, les une en Cristo, único fundamento (día sexto).
Sobre la base de nuestras experiencias y conocimientos, empezamos a
entrever la locura de seguir caminos separados que, a su vez, están en el
origen de las divisiones entre los discípulos de Cristo. Es esta la locura
a la que Pablo se refiere al comienzo de su carta a los corintios cuando
les exhorta a estar todos de acuerdo y a evitar las divisiones, ya que
ellos deben estar “unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir” (1 Cor
1,10). De la única
Iglesia de Cristo hemos hecho surgir numerosas divisiones fundadas en el
desacuerdo, en lugar de compartir el mismo espíritu y la misma meta hemos
obrado los unos contra los otros.
Este resultado es probablemente el fruto de un mundo donde los rasgos de
carácter común como el individualismo y el deseo de competir son
considerados como signos de sabiduría.
Por el contrario, Pablo proclama el mensaje de Cristo que se humilló
aceptando nuestras debilidades humanas hasta la muerte, revelando “todo lo
que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor 2,9) (día séptimo).
Pablo equipara las diferentes personas comprometidas al servicio del
Evangelio. Sitúa luego esta fraternidad en el contexto de una unidad
universal y cósmica. Asegura a los que, en épocas y lugares diferentes,
han edificado sobre el único fundamento de que pertenecen juntos a Cristo.
Son de Él. Si nosotros pertenecemos a Cristo, pertenecemos igualmente a
Dios.
Pablo es consciente de que Dios actuó en la creación a través de Cristo
para renovar y reconciliar todas las cosas. Como servidores y ministros,
estamos unidos cuando comprendemos que nuestro servicio comienza en Cristo
y se dirige hacia Dios, que ha puesto el único fundamento de nuestra fe y
es el origen de nuestra unidad (día octavo).
El Octavario de oración nos invita a reflexionar juntos como Iglesias
diferentes, a implorar los unos por los otros la bendición de Dios, y
buscar los campos en que es posible crecer juntos en la unidad.
CELEBRACIÓN ECUMÉNICA
Introducción
La celebración tiene como tema: Cristo, fundamento único de la Iglesia.
La asamblea comienza alabando a Cristo por su obra de salvación. Este
servicio de oración está centrado en el contexto de 1 Cor 3, aunque solo
los versículos 10-13 están recogidos en los textos de la liturgia de la
Palabra. Las otras lecturas permiten desarrollar el tema de la solidez y
de la calidad de la edificación de la Iglesia sobre Cristo, piedra angular
y fundamento de nuestra unidad.
El desarrollo penitencial y la oración de perdón después de la palabra de
Dios. Ello permite convertirla en un elemento esencial de esta celebración.
Otros preferían dejarla en su sitio tradicional del comienzo. Esta parte
indica que cada comunidad hace un examen colectivo de conciencia ante
Cristo (v. 4), fundamento de la unidad de la Iglesia: expresiones de
arrepentimiento, símbolos, testimonios y aportaciones.
¿Anunciamos juntos el Evangelio, reconociendo y compartiendo los dones que
el Señor concede a nuestras Iglesias? (v. 5) ¿Aceptamos el papel
complementario de nuestras Iglesias en nuestras situaciones locales? ¿Reconocemos
la primacía de Cristo de quien somos servidores? ¿Trabajamos
verdaderamente juntos en la obra de Dios? (v. 9).
El símbolo propuesto aquí es el de dos tablas o vigas de madera unidas en
forma de cruz durante la celebración. Se quiere evocar al mismo tiempo las
puertas del infierno destruidas después de la Pascua de Cristo y los
materiales sólidos habitualmente utilizados en la construcción de una
casa. Una vez colocada esta cruz en el suelo, los otros símbolos –de
arrepentimiento, de expresión de nuestra fe y de nuestra pertenencia
inequívoca a Cristo para edificación de su Iglesia- pueden poco a poco ser
colocados (lamparilla, granos de trigo, flores, dibujos de niños, etc.)
Durante las intercesiones, inspiradas en 1 Cor 3, 1-23, la asamblea confía
a Cristo, único mediador, la obra de los cristianos y el servicio de las
Iglesias en el mundo al servicio del ecumenismo.
Desarrollo
I. Apertura
Queridos hermanos en Cristo: Nos hemos reunido hoy para dar gracias a Dios
que nos ha llamado a buscar la unidad. Le damos gracias en nombre de todos
los que, en distintas partes del mundo, aspiran y rezan por la unidad de
los cristianos, muy particularmente con las
Iglesias de Eslovaquia, con las que nos asociamos en la oración y en la
meditación. Dios se ha acordado de las nuevas oportunidades para servir,
para reconciliar y recibir los dones espirituales. Animados por este
servicio, con los cristianos del mundo entero, reflexionamos sobre el
fundamento de nuestra fe común, que es nuestro Señor Jesucristo. Al
comienzo de esta oración, dos vigas de madera serán llevadas hasta el
presbiterio. Nos recuerdan las puertas del infierno quebrantadas por
Cristo y las de nuestra nueva vida. La madera, los materiales
tradicionales de construcción, también nos invitan a reflexionar sobre el
hecho de que todos somos invitados a construir y a promover la unidad
entre los cristianos. Durante esta celebración, juntamos estos dos trozos
de madera para hacer una cruz, símbolo del fundamento sobre el cual
nosotros edificamos: Jesucristo.
Saludo
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Introducción
El único cimiento válido es Jesucristo, y nadie puede poner otro distinto
(1 Cor 3, 11).
Oración introductoria
Oremos unidos (breve silencio)
Señor, Dios vivo, te damos gracias por las obras magníficas que has hecho
con nosotros. Te damos gracias particularmente por tu Hijo Jesucristo
quien, aceptando morir en la cruz, nos ha concedido la salvación.
Guárdanos junto con Él, al pie de la cruz, para que encontremos consuelo y
alegría, salud y sabiduría de palabra y de obra. Con todos los fieles
cantamos tu alabanza, por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu
Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Acción de gracias
L: Lectores 1 y 2
A: Asamblea
Después de cada estrofa que se inicia con “Yo” (quien habla es Cristo), a
la manera de los
“improperios”, la asamblea bendice el nombre del Señor. A continuación, la
asamblea se dirige al Señor con una respuesta cantada y formulada con
“Te”. Se puede iniciar la lectura con: Así habla el Señor Jesús:
L1: Yo te amo, pueblo mío, en Belén nací.
Recibí el nombre de Emmanuel porque soy Dios por todos los siglos.
A: Te bendecimos, Señor.
L2: Yo bajé al agua del Jordán donde fui bautizado como signo del
bautismo en el Espíritu que habría de venir para que toda carne fuera
purificada y renovada.
A: Te bendecimos, Señor.
L1: Yo fui conducido al desierto por el Espíritu para combatir al
tentador,
Lo vencí y te libré de sus cadenas.
A: Te bendecimos, Señor.
L2: Yo proclamé la buena noticia del reino del Padre: reino de justicia y
misericordia, de amor y verdad, de paz y felicidad. Cumplí los signos de
los tiempos nuevos, mis manos curaron a enfermos y mi presencia trajo la
paz.
A: Te bendecimos, Señor.ù
L1: Yo te reuní, pequeño rebaño, como la gallina a sus pollos, como el
pastor a su rebaño.
He querido llevarte sobre mis hombros y conducirte al paraíso.
A: Te bendecimos, Señor.
L2: Yo partí el pan y ofrecí el vino nuevo para hacer una alianza contigo
y darte la vida abundante. Pedí al Padre que mi alegría esté en ti.
A: Te bendecimos, Señor.
L1: Yo entregué mi espíritu en el leño de la cruz, he muerto para el
perdón de los pecados
y reunir a los hijos dispersos del Padre, y abrí las puertas del infierno.
Al tercer día resucité de entre los muertos.
A: Te bendecimos, Señor.
L2: Yo envié desde el Padre mi Espíritu Santo sobre ti. Él te recordará
todo lo que te he enseñado. Él es soplo de vida. Es luz y consuelo, fuerza
en tu testimonio, guía de tu oración.
A: Te bendecimos, Señor.
L1: Escucha, pueblo mío: yo estoy contigo todos los días hasta el fin de
los tiempos, para que seáis uno como yo soy con el Padre, y el mundo crea.
Escucha mi voz, pueblo mío, para que no haya más que un solo rebaño y un
solo Pastor.
A: Te bendecimos, Señor.
Himno de la Asamblea (Distintas respuestas cantadas)
- Efesios 1
- o Gloria a Dios en el cielo
- o A Ti la gloria
- o cualquier otro himno dirigido a Cristo
II. Liturgia de la Palabra
Oración antes de las lecturas bíblicas
Haz brillar en nuestros corazones, Señor que amas al hombre, la pura luz
de tu divino conocimiento. Abre los ojos de nuestra mente a la
inteligencia de tu mensaje evangélico.
Infúndenos el respeto a tus benditos mandamientos, para que, sojuzgando
las concupiscencias de la carne, entremos en una vida según el Espíritu, y
te agrademos en todos nuestros pensamientos y acciones. Porque tú eres la
luz de nuestras almas y de nuestros cuerpos, Cristo
Dios, y a ti glorificamos, con tu eterno Padre y tu Santo Espíritu, todo
bondad y vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
- Lecturas
- Opción 1
- Opción 2
- Cor 3, 1-23
- Sal 118, 16-24
- Sal. 118, 16-24
- 1 Cor 3, 10-23
- Himno
- Evangelio (Mt 7, 24-27)
- Homilía (o Testimonios)
(Se recomienda una breve homilía)
- Himno (la ofrenda puede tener lugar en este momento)
- Confesión y perdón (fondo musical)
Dos personas juntan las dos vigas de madera para hacer una cruz. Colocan
la cruz en el suelo, en lugar bien visible del presbiterio. En cada
expresión de arrepentimiento, los miembros de la asamblea pueden
aproximarse para depositar sobre la cruz el símbolo escogido (lámpara,
flores, granos de trigo, dibujos de niños, etc.) que recuerda a Cristo,
fundamento de la Iglesia. Este gesto de aportar un símbolo sobre la cruz
es expresión de nuestro deseo de conversión y de nuestra pertenencia
renovada a Cristo para edificación de su única Iglesia.
L1: Señor, tú eres la paz y la reconciliación.
L2: Por haber escogido la envidia y la animosidad entre las Iglesias más
que la confianza y la estima, perdónanos, Señor. (silencio – se coloca un
símbolo)
L1: Señor, tú nos colmas de bendiciones en la única fe.
L2: Por haber escogido el retroceso en nosotros mismos y el rechazo de
tus Iglesias, perdónanos, Señor. (silencio – se coloca un símbolo)
L1: Señor, tú has dado la alegría a los afligidos, la libertad a los
cautivos y el perdón a los pecadores.
L2: Por haber cerrado nuestras manos y apartado nuestra vista de todos
los que tienen necesidad de ayuda, perdónanos, Señor. (silencio – se
coloca un símbolo)
L1: Señor, tú nos has reunido como el pastor reúne a su rebaño y que va
en busca de la oveja perdida.
L2: Por nuestros errores que nos alejan de ti, por haber rechazado tus
brazos y acentuar así nuestras divisiones, perdónanos, Señor. (silencio –
se coloca un símbolo)
En este momento se pueden ofrecer testimonios de apertura hacia el
ecumenismo, que exijan una verdadera conversión personal o comunitaria.
Oración de perdón
Dios todopoderoso, nadie puede colocar otro fundamento fuera del ya puesto.
Este fundamento es Jesucristo. Ahora reconocemos que nosotros no hemos
sido capaces de edificar sobre este fundamento para que llegue a ser
construcción de Dios. Nosotros mismos hemos sido instrumentos de su
degradación. Si nuestra obra debe estar perdida, sálvanos y concédenos una
nueva oportunidad de aspirar a la unidad. Haznos desear vivamente la
unidad de tu Iglesia, y concédenos trabajar con eficacia. Amén.
Intercambio de un signo de paz
- La paz del Señor esté siempre con vosotros
- Hermanos y hermanos, daos fraternalmente la paz.
Símbolo de Nicea
III. Oraciones e Intercesiones
El Apóstol Pablo dirigió esta carta a los corintios para darles ánimo.
Podemos tener la misma esperanza que la Iglesia de Corinto cuando rezamos
por la Iglesia de Dios y por todos los hombres.
Dios santo y eterno, te damos gracias por llamarnos a cada uno de nosotros
por nuestro nombre. En ti vivimos, actuamos y crecemos. Pedimos por las
Iglesias y por los cristianos del mundo entero. Recuérdanos nuestro
fundamento común en Cristo. Haz que siempre vivamos en la fe y en el amor
hasta que alcancemos la unidad que tú quieres.
Reúnemos a todos en Cristo.
Haz de nosotros tu morada.
Derrama sobre nosotros tu Espíritu para que
conozcamos a Jesucristo y podamos dar testimonio de nuestra vida y de
nuestra unidad en él. Que podamos conocer su espíritu para proclamar la
sabiduría de Dios en todas partes del mundo. Afírmanos en nuestra acción a
favor de la paz y de la reconciliación en la Iglesia y en la sociedad.
Reúnenos a todos en Cristo. Haz de nosotros tu morada.
Pedimos por las Iglesias de Eslovaquia y todas las que atraviesan un
periodo de cambio, que implica crecimiento o dificultades, reconciliación
o conflictos. Ilumínalas y afianza su testimonio y su servicio.
Reúnenos a todos en Cristo. Haz de nosotros tu morada.
Pedimos por los que están sin amparo, sin país, sin alimentación, sin
trabajo, sin medicinas, sin paz. Que podamos reconocer y servir a Cristo a
través de los que sufren y están en necesidad.
Reúnenos a todos en Cristo. Haz de nosotros tu morada.
Te damos gracias por todos los dones de la creación. Enséñanos a compartir
con los demás nuestro tiempo, nuestra energía, nuestros recursos, nuestro
amor. Haznos más sensibles y atentos a las heridas de la familia humana y
de la creación. Que podamos ser fieles a nuestra misión y vivir largamente
en la tierra. Que podamos dar a Cristo nuestra vida entera, ya que le
pertenecemos y en él se unen todas las cosas de la tierra y del cielo.
Amén.
(Los fieles son invitados a hacer peticiones referidas a su contexto de
vida y a su experiencia
personal).
Padre nuestro (cada uno en su propia lengua)
IV. Bendición y despedida de la asamblea
Bendición (bendición de Aarón)
¡El Señor os/nos bendiga y os/nos guarde! Amén.
¡Haga brillar su rostro sobre vosotros/nosotros y os/nos conceda su favor!
Amén.
¡Vuelva su mirada sobre vosotros/nosotros y os/nos conceda la paz! Amén.
Podéis ir en la paz de Cristo
Demos gracias a Dios (Música)
TEXTOS BÍBLICOS, MEDITACIONES Y ORACIONES PARA EL OCTAVARIO
Día primero Llamados a la madurez espiritual (1 Cor 3,1-4)
- Os 2,21-25 Diré a “No es mi pueblo”: “Tú eres mi pueblo”
- Sal 24 ¿Quién subirá al monte del Señor?
- Col 1,25-28 El misterio escondido desde siglos
- Jn 15,1-8 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos
Meditación
En su carta a la comunidad cristiana de Corinto, donde desarrolló un papel
importante y puso los fundamentos de la fe, Pablo llama fervorosamente a
los corintios a la madurez espiritual.
Alaba los dones que Dios concedió a esta comunidad, pero al mismo tiempo
menciona los rumores de división que le llegaron: Yo soy de Pablo, yo soy
de Apolo, yo de Cefas. Pablo pregunta de manera directa: ¿Cristo está
dividido?
En el Antiguo Testamento existe una tradición judía que quiere que Dios
conceda a su pueblo un nombre correspondiente a su naturaleza espiritual
para poder llamarle a la fidelidad y a la conversión. Paralelamente, Pablo
define a los corintios como hombres carnales, párvulos en
Cristo, sintiendo no poder hablarles, por ahora, como hombres espirituales.
Considera su fidelidad inmadura como disconforme con el espíritu de Cristo.
Las palabras de Pablo son bruscas, no sólo porque el comportamiento de los
corintios es particularmente mezquino, sino porque contrasta poderosamente
con la grandeza y el origen divino de su vocación cristiana, ya que son
templo de Dios donde habita el Espíritu de Dios. Pertenecen a Cristo y
recibirán todo en él. Esta identidad en Cristo comporta una misión: con
Pablo, deben haber conocido el misterio oculto a lo largo de los siglos;
deben anunciar este misterio proclamando la gran acción redentora de Dios
en Cristo y aportando su testimonio de vida transformada. Deben recordar
que las divisiones en Corinto estaban vinculadas a los conflictos sobre la
acogida de la predicación de los Apóstoles: Yo soy de Pablo, yo soy de
Apolo, yo de Cefas. Se puede ver aquí el preludio de las divisiones que, a
lo largo de la historia, han herido nuestra unidad en Cristo edificada
sobre la fe de los Apóstoles. Es, en efecto, un ensayo para profundizar en
el conocimiento de la fe de la Iglesia primitiva que los cristianos se
esfuerzan hoy para recomponer su unidad. La cuestión de Pablo es siempre
actual: ¿Cristo está dividido? La madurez espiritual significa, en parte,
saber recuperar y encarnar la unidad que se nos ha dado en Cristo. ¿En qué
medida nuestra desunión dimana del hecho de que no hemos alcanzado una
cierta madurez en la fe y no percibimos todavía la grandeza de la visión
cristiana? ¿De qué manera nuestra desunión nos impide proseguir la misión
de salvación y reconciliación de Cristo en un mundo desgarrado y afligido?
Oración
Dios de misericordia, tú nos llamas constantemente a una mayor madurez
espiritual. Tú quieres que seamos tuyos. Abre nuestros corazones y nuestro
espíritu a la grandeza de tu llamada y ayúdanos a perseverar en el camino
de la unidad –en comunión con Pablo, Apolo y Cefas- proclamando y
comprometiéndonos en el servicio de tu obra redentora en el mundo.
Amén.
Día segundo: Dios da el crecimiento (1 Cor 3,5-9)
- Gn 1,26-2,9 El Señor Dios planta un jardín en Edén
- Sal 104 (103) 24-31 Tú renuevas la faz de la tierra
- Rm 8,14-25 La creación espera con impaciencia la revelación de los hijos
de Dios
- Lc 8,4-15 Estos son los que escuchan la palabra de Dios y dan fruto
Meditación
Para hablar a las gentes de Corinto Pablo utiliza la imagen, familiar, de
la plantación y del crecimiento. Es una imagen agrícola que está tomada
para ilustrar directamente la acción de Dios y suscitar colaboradores en
su obra. Como los corintios, también nosotros estamos invitados a ser
instrumentos, servidores, administradores fieles que deben rendir cuentas
del cumplimiento de este servicio. Es un cargo importante realizar este
servicio y estar investido de la responsabilidad del trabajo que se
realiza para la gloria de Dios. Debemos ofrecer nuestras cualidades a
Aquél a quien servimos; poner nuestras competencias sobre el único
fundamento que es Cristo, para construir un edificio al servicio del amor.
Dios ha creado bueno a este mundo. Lo vemos en el primer capítulo del
Génesis. Los hombres no supieron cumplir su papel. Hemos destruido este
mundo perfecto. Por ello, estamos llamados a un servicio de sanación en el
mundo. Este servicio nos une. Comporta numerosos aspectos que superan las
barreras confesionales y culturales. El mundo está herido, como el
samaritano que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó. No debemos
tener miedo a abordar lo que está destruido en nuestro mundo. Dios quiere
sanarlo mediante nosotros. La creación espera con impaciencia la sanación
que procede de Dios. En la búsqueda de la unidad, los cristianos pueden
intercambiar sus propias experiencias para demostrar que más allá de
“Pablo y de Apolo” están los que son de Cristo. Él sólo les puede hacer
crecer en el amor del Padre, al servicio del Espíritu de santidad y de
unidad que quiso salvar al mundo.
Oración
Oh Dios, te damos gracias por la confianza y la bendición que concedes a
los que trabajan por la llegada de tu Reino en este mundo. Ayúdanos a
descubrir nuevas posibilidades para manifestar tu acción al servicio de
los que nos rodean; que sirvamos, más que buscar ser servidos, y que tu
poder de sanación actúe en nosotros.
Consérvanos unidos como una sola familia de tu Hijo único, haznos
administradores fieles de tu creación, para que en los hombres y mujeres,
en los pequeños y grandes, en las cosas y las personas Tú seas reconocido
vivo y verdadero, salvador y creador de todo.
Amén.
Día tercero: Cristo es el fundamento (1 Cor 3,10-11)
- Is 28,14-16 Yo pongo una piedra sólida que sirva de fundamento
- Sal 118 (117),16-24 La piedra desechada es la piedra angular
- Ef 2,19-22 Jesucristo es la piedra angular
- Mt 7,24-27 La casa edificada sobre roca no se derrumbará
Meditación
En Cristo, Dios ha colocado, por obra del Espíritu Santo, el fundamento
común de todos los bautizados. Los cristianos pueden afirmar su fe en
Cristo, único fundamento sobre el que se edifica la Iglesia de Dios.
Puesto que nadie puede poner otro, los cristianos confiesan juntos lo que
Dios ha realizado en Cristo, que es el fundamento sobre el que está
edificada su fe.
Esta convicción es fuente de gratitud y de humildad. En su esfuerzo de
cimentarse en este único fundamento, los cristianos deben hacer frente
continuamente a las voces que contradicen y rechazan a Cristo. En estas
circunstancias, los cristianos están llamados a ser como la levadura de la
sociedad, confiados en la ayuda de la gracia de Dios. De este modo, ante
las pruebas, jamás deben vacilar. Como Jesús ha sido rechazado, sus
discípulos deben estar dispuestos a sufrir las mismas pruebas. Apoyándonos
en el fundamento que representa Cristo y su doctrina, podemos afrontar los
desafíos de la sociedad contemporánea. Como cristianos, no podemos tener
miedo a utilizar, como punto de partida de nuestro testimonio en el mundo,
lo que otros estiman como inútil. Los cristianos están convencidos de que
edificar sobre el fundamento sólido y común, que es Cristo, significa
trabajar juntos, desde un mismo punto de partida y mirando hacia un mismo
fin, es decir, la unidad de todos los discípulos de Cristo. Lo que
Jesucristo previamente representa para nosotros, de modo único y profundo,
es el carácter de toda actividad que emprendemos juntos o separadamente.
La fuerza del amor de Cristo nos llena de esperanza de que todo lo que
realizamos en su nombre está destinado a perdurar y a continuar en medio
de las dificultades, ya que Cristo es el principio y el fin.
Oración
Señor Dios nuestro, por obra del Espíritu Santo has establecido en Cristo
el único fundamento sobre el cual está edificada la Iglesia. Te damos
gracias por lo que has hecho por nosotros en
Cristo. También te damos gracias por haber sostenido constantemente a la
Iglesia contra toda tentativa que pretende su destrucción. Ayúdanos por tu
gracia a construir sobre el fundamento que tú has puesto en Jesucristo
nuestro Señor. Amén.
Día cuarto: Que se edifique sobre este fundamento (1 Cor 3,12-13)
- Neh 2,17-18 Vamos a restaurar la muralla de Jerusalén
- Sal 127 (126) Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los
albañiles
- 1 Cor 12,4-11 Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo
- Mt 20,1-16 Un amo de casa salió al amanecer a contratar obreros para su
viña
Meditación
Cristo es el don de Dios para el mundo. En Él se manifiestan la salvación
y la liberación de la humanidad entera. Él es el fundamento y la fuente de
la vida nueva que Dios nos ha dado.
Este don de Dios es total. No tenemos ninguna necesidad de aportar a lo
que es suyo.
Sin embargo, ello no significa que debemos quedar pasivos e indiferentes.
Pablo nos exhorta a edificar sobre los cimientos. Subraya cuál es nuestra
vocación y cómo debemos responder.
Estamos llamados a tomar parte en la obra de renovación que Dios ha
originado y a trabajar en su causa. Dios nos ha dado diferentes dones (1
Cor 12). Debemos utilizarlos con una sola finalidad: glorificar a Cristo y
la fuerza de su paz. Mediante nuestro trabajo debemos testimoniar el amor
de Dios y nuestra unidad en Cristo. Sin embargo, si se tiene en cuenta la
historia de las Iglesias, se percibe que todo lo que está hecho en nombre
de Cristo no está hecho necesariamente “a imagen de Cristo”. A veces,
Cristo y su reconciliación han sido eclipsados por la arrogancia, las
divisiones y la lucha por el poder. “Edificar la Iglesia” no significa
levantar unos contra otros barreras confesionales, o todavía edificar
nuestros propios “monumentos”. Hoy día, las Iglesias deben enseñar a
construir puentes y a colaborar. De este modo, darán testimonio de
esperanza y fruto de su unidad en Cristo. Las antiguas heridas pueden ser
curadas y los nuevos desafíos de nuestro mundo en cambio pueden ser
afrontados conjuntamente, respetando cada uno las tradiciones y los dones
del otro. El fundamento común que tenemos en Cristo nos hace ser hermanos
y hermanas. Es la base sobre la que se edifica la única y verdadera
Iglesia de Cristo, llena de amor por los pobres, los marginados, y los que
confían en Dios y en la esperanza de la llegada de su Reino. La
reconciliación de Dios nos compromete a todos, como personas y como
Iglesias, a ser piedras vivas de nuestra unidad en Cristo. De este modo
nuestro fundamento en Cristo aparecerá siempre de modo más evidente.
Oración
Señor, te damos gracias por el don único de vida y de paz que nos das dado
mediante tu Hijo
Jesu Cristo. Nuestras Iglesias recibieron de ti abundantes y diversos dones.
Ayúdanos a ver esta diversidad como un enriquecimiento que nos permita
edificar tu morada en el mundo.
Haz que podamos mostrar lo que salva nuestra unidad y nos ayudará a llevar
tu amor a los hombres y a las mujeres entre los cuales vivimos. Amén.
Día quinto: Dios juzga nuestros esfuerzos de constructores
(1 Cor 3,13-15)
- Gn 4,2 Soy yo el guardián de mi hermano
- Sal 51(50),1-4.9-13 Contra ti, contra ti solo pequé
- Flp 2,1-5 Considerad que los demás son mejores que vosotros
- Mt 25,14-30 Un hombre confía sus bienes a sus servidores
Meditación
Es un milagro constante que el Dios eterno haya querido y manifestado que
los hombres participen con él en la obra que se realiza en el mundo.
Aunque el fundamento, Jesucristo, haya sido puesto, nosotros debemos
seguir asumiendo nuestro deber de constructores. Explicando esto a los
cristianos de Corinto, Pablo insiste igualmente sobre el hecho de que Dios
somete a prueba lo que nosotros construimos: se debe asumir que somos
buenos constructores. Nuestra salvación no depende de nuestras obras, pero
nosotros seguimos siendo responsables de nuestras acciones ante Dios. Para
Pablo todo era función del fuego purificador del juicio final que estimaba
como
inminente. En lo que nos afecta, estamos siempre en alerta –cada
oportunidad podría ser efectivamente la última- y comprendemos que seremos
juzgados de acuerdo con el buen uso que hayamos hecho de los dones que
Dios nos ha concedido para edificar su reino. Los cristianos de Eslovaquia
experimentan una urgencia particular para descubrir nuevas posibilidades
que pueden ofrecer en su servicio cristiano a la comunidad. Todos somos
responsables de nuestros actos comunes ante Dios y ante el prójimo. En
efecto, las Iglesias también son responsables las unas hacia las otras en
la búsqueda de la unidad. Son como los servidores de la parábola a quienes
el dueño encomienda sus bienes y les exige el buen uso de los mismos.
Todos hemos recibido un tesoro: la frágil vida de nuestro planeta, de los
hermanos y hermanas que asumen en todo el mundo la buena nueva del
Evangelio a proclamar. Sus dones son concedidos a la asamblea del pueblo
de Dios y son para nosotros una oportunidad de compartir con los demás, de
aprendizaje de nuestros logros y de nuestros fracasos. Y nuestra capacidad
de obrar bien y edificar juntos está todavía hoy sometida a prueba.
Oración
Señor, que viniste entre nosotros mediante tu Hijo Jesús y te manifestaste
mediante personas fiables: tú te mostraste ante nuestros ojos como un Dios
vulnerable. Te damos gracias por la confianza que pusiste en el servicio y
en el trabajo que nosotros desempeñamos para edificar tu reino. Haz que
nosotros estemos atentos a tu voluntad y a tu deseo, e ilumínanos para que
podamos ver las necesidades de las personas que nos rodean. Haz que seamos
capaces de aprender los unos de los otros para estar unidos en nuestra
responsabilidad mutua y
consagrados al servicio de tu reino. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Día sexto: Vosotros sois templo de Dios (1 Cor 3,16-17)
- Gn 1,26-27 Dios crea al hombre a su imagen
- Sal 8 Qué es el hombre
- 1 Pe 2,9-10 El pueblo de Dios
- Mt 16,24-27 Si alguno quiere venir detrás de mí
Meditación
La cuestión de la identidad no es un tema nuevo. Los seres humanos siempre
han estado tentados de comprender y vivir lo que ellos verdaderamente son
y se les ha prohibido ser. Hoy día, cuando vivimos en un mundo que se
caracteriza por los constantes cambios y un pluralismo difuso, la búsqueda
de una identidad propia llega a ser una cuestión de importancia creciente.
Estamos enfrentados a este problema no solamente como personas, sino
también como comunidades e Iglesias. Intentamos encontrar nuestra propia
identidad en lo que nos distingue de los otros y nos hace ser únicos.
Lo que decía el apóstol Pablo hace dos mil años a los cristianos de
Corinto es válido en nuestros días. Debemos tratar el problema de la
identidad bajo otra perspectiva: no somos más
“especiales” porque somos diferentes los unos de los otros, sino porque
hemos recibido el don del Espíritu Santo, un don que está presente en todo
ser humano en cuanto que hemos sido creados a imagen de Dios.
Somos el templo de Dios, sagrado y digno. Ninguna persona tiene el derecho
de destruirlo.
Estamos con los que Dios quiso estar con él, un lugar donde mora su
Espíritu de bondad. Dios quiere entrar en comunión con nosotros, lo que
indica y exige que nosotros estemos en comunión unos con otros. Dado que
esta llamada a la comunión va más allá de los límites de nuestras
comunidades cristianas, el escándalo de nuestras divisiones en cuanto
Iglesias cristianas se intensifica y exige de manera imperativa que
nosotros las superemos.
Las diferencias son parte también de nuestra identidad cristiana, ya que
nosotros vivimos en situaciones y culturas diferentes, somos hombres y
mujeres, estamos marcados por nuestras experiencias personales,
particulares y por la historia de las comunidades en las que vivimos.
Aún así, aunque tengamos que afrontar desafíos o los talentos que hayamos
recibido, estamos unidos por el Espíritu Santo que nos concede el don de
vivir como Dios desea y como nos ha revelado en Jesucristo: santos,
capaces de ofrecer nuestro amor y de recibirlo de otros.
Oración
Dios eterno: tú has creado el cielo y la tierra; tú has creado el ser
humano a tu imagen concediéndonos a cada uno de nosotros una identidad y
una dignidad propias. Te damos gracias por el don de la vida, de esta vida
que nos une a ti y a tu creación. Ayúdanos, en cuanto cristiano y en
cuanto Iglesias, a recibir este don en toda su plenitud para que podamos
superar todo lo que estorba o reduce tu don de vida. Llénanos de tu
Espíritu de bondad para que podamos crecer en Cristo y llegar a ser su
imagen en el mundo. Amén.
Día séptimo: La vida en Cristo: locura y sabiduría (1 Cor 3,18-20)
- Job 32,7-33,6 Es el soplo, la inspiración del Poderoso, quien da
inteligencia
- Sal 14(13),1-7 El Señor examina a los hombres para ver si buscan a Dios
- 1 Cor 1,17-30 Lo que es locura para el mundo, Dios lo elige para confundir
a los sabios
- Mt 10,17-25 Es el Espíritu de vuestro Padre el que habla en vosotros
Meditación
La democracia y la libertad nos aportan muchas ventajas, pero también
tensiones. Esto es verdad para los individuos y para las Iglesias. En los
países de antigua tradición cristiana, las
Iglesias muchas veces han sido tentadas por un deseo de poder o un uso
incorrecto del mismo.
En consecuencia, su testimonio ha sido revelado sin transmitir la palabra
de Dios sino sus concepciones humanas. Todavía hoy podemos estar tentados
de apoyarnos en las relaciones del poder y en las ventajas que puede
aportar la pertenencia a una mayoría, sin apoyarnos en los debates de
nuestra sociedad, muchas veces vacíos. Y en cuanto Iglesias, hemos
recibido el mandato de testimoniar lo que es un fundamento común para la
vida del mundo, a saber,
Jesu Cristo y su palabra, que nada ni nadie puede cambiar.
Los profetas han subrayado que lo que ellos proclamaron no fueron sus
propias palabras, pensamientos o posiciones, sino una palabra recibida de
Dios. Job comprendía que la búsqueda de la sabiduría se originaba más allá
de sus fuentes, en el soplo de Dios.
El apóstol Pablo se apoyaba en esta sabiduría para proclamar ante todos a
Jesucristo crucificado. Él dijo no saber más que de Jesucristo. Por el
mensaje, el evangelio de Cristo crucificado, pasaba como un loco a los
ojos de los sabios de su tiempo. Escribió a los cristianos de Corinto que
la sabiduría de Dios es oferta de salvación “por la locura de la
predicación”: Cristo crucificado. Era un escándalo y una locura para las
gentes de este tiempo.
Pero Pablo dijo que la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana,
y que la fragilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana. El Cristo
que nos presentan los
Evangelios no actúa como héroe sino como aquél cuyo poder no es de este
mundo. Se inclina hacia los marginados, toca a los moribundos, perdona los
pecados, incluso a los justos y gentes piadosas que no ven posibilidad
alguna de perdón. Dios ha descendido en la pobreza de los caminos humanos.
La palabra de la cruz nos ha sido confiada también a nosotros, los
cristianos de hoy. Entre nuestras Iglesias separadas por la locura de los
hombres, la acogida de la unidad puede parecer un proyecto insensato: en
el corazón de un mundo dividido, herido por las guerras y la violencia, la
búsqueda de la paz y de la reconciliación queda como la única sabiduría. A
la luz de la cruz se está dibujando aquí el fundamento de nuestro
testimonio común. Con Cristo,
Dios se inclina hacia la humanidad y nos envía hacia los que le buscan por
este anuncio: el camino de la vida pasa por Cristo crucificado y
resucitado.
Oración
Dios, lleno de sabiduría y verdad, tú nos hiciste conocer la locura de tu
amor cuando los hombres han crucificado a Jesús tu hijo único, y cuando tú
lo resucitaste como Cristo, hemos conocido tu inmensa sabiduría. Te
rogamos: mantennos en el seguimiento de tu Hijo en el Jesucristo que da
testimonio de la vida para todos. Que tu Iglesia hoy permanezca fiel a
Aquél que es el fundamento y que ella abra a todas las naciones la
sabiduría de tu Espíritu.
Día octavo Sois de Cristo (1 Cor 3,21-23)
- Is 44,1-8 Yo soy el primero y el último
- Sal 89 (88),1-4 Tu amor está asentado para siempre
- Ap 4,1-11 Adoraban al que vive por los siglos de los siglos
- Mc 9,33-35 Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos
Meditación
Pertenecemos a Cristo. Somos de él y de nadie más. Sobre esto se funda
nuestra unidad: por el bautismo Cristo nos ha incorporado a él mismo y nos
ha hecho una cosa con él. La unidad que compartimos en Cristo es mucho más
grande que todas las diferencias, del pasado y del presente, que dividen
hoy nuestras Iglesias. Por nuestra pertenencia a Cristo nos pertenecemos
unos a otros y somos responsables los unos de los otros. Por ello, Cristo
nos llama a construir juntos su cuerpo, que es la Iglesia, como compañeros
de trabajo y servidores fraternos. Los cristianos y las Iglesias están
llamados a vivir y obrar juntos, como tales hermanos, en testimonio de su
fe y en su servicio en favor de las personas necesitadas. Las divisiones,
los desacuerdos, las querellas y las disputas que nacen de las personas
(se llamen Pablo, Apolo o Cefas), todas estas fracturas rechazan no
solamente a nuestros hermanos y hermanas en Cristo, sino al mismo Cristo.
Como templo de Dios, la Iglesia es un lugar de oración común y la más
poderosa expresión de nuestra común pertenencia a Cristo. Cada oración
común es una victoria sobre nuestras divisiones y celebra la unidad que
tenemos realmente en Cristo. Nos unimos a todos aquellos que –poco importa
el lugar y la época- pertenecen o han pertenecido a Cristo y en espíritu
han venerado al Señor. Ciertamente, no actuamos conforme a la unidad que
Cristo nos concedió. Cuando no podemos orar juntos, particularmente en
torno a la mesa del Señor, nuestra desunión es evidente por todos. Por eso,
todas las Iglesias sin excepción tienen todavía mucho que “construir”.
Porque somos de Cristo, somos de Dios. Pablo afirma con valentía: “todo es
vuestro”. Con nuestros compañeros de trabajo y con nuestros hermanos en el
servicio nuestra vida y nuestras acciones son parte del plan de Dios para
toda la creación. Dios cumple su obra en el mundo para salvación y
sanación de los que sufren, para reconciliación de los que están en guerra,
para renovación de toda la creación. Dios nos juzga igualmente: sabemos
que lo que edificamos está sometido a prueba y que el resultado de
nuestras acciones se pondrá de manifiesto. Vivimos anticipadamente el
balance final de acuerdo con nuestras acciones. No sabemos exactamente
cuando y bajo qué forma tendrá lugar este juicio, pero sabemos que nuestro
juez será Dios, que es vida y bondad. Alabamos a Dios y le damos gracias
por las riquezas de la creación y por la redención que nos ha concedido
por su Espíritu que nos une en Cristo. Que podamos ofrecer nuestra
edificación común de la Iglesia de Cristo, nuestra búsqueda de la unidad
como alabanza para gloria de Dios.
Oración
Señor, Dios de bondad, te damos gracias por habernos hecho uno en Cristo.
Fortalece nuestra imaginación y nuestro coraje para que podamos construir
juntos tu Iglesia en la unidad y en el amor. Haz que nuestras vidas y la
vida de nuestras Iglesias sean un testimonio de tu amor para nosotros y
para la creación entera. Señor, concédenos desde ahora la unidad. Amén.
ORACIONES SUPLEMENTARIAS DE LA TRADICIÓN ESLOVACA
Oración de San Cirilo al aproximarse su muerte
Señor Dios nuestro, tú has creado el coro de los ángeles y todas las
potestades celestes, tú has llamado a las cosas del no-ser a la vida, y
escuchas siempre las oraciones de los que cumplen tu santa voluntad y de
quienes, en tu temor, respetan tus mandamientos:
Escucha, Señor, mi humilde oración; protege el rebaño de tus fieles que me
has confiado, a mí que no soy más que tu humilde e indigno servidor.
Líbralos de la malicia impía y pagana de los que blasfeman contra ti,
destruye la herejía de las tres lenguas2, engrandece a tu Iglesia y
consérvala fielmente unida. Une a tu pueblo en la profesión de su fe e
inflama su corazón por la verdad de tu Palabra. Tú nos has concedido una
inmensa gracia para proclamar el Evangelio de tu Cristo, y tu pueblo está
dispuesto a cumplir tu obra de bondad.
Encomiendo a tus manos a los que me habías confiado: guíales con tu brazo
derecho y poderoso, y protégeles para que todos canten tu alabanza y
glorifiquen tu santo nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Oración de Navidad
Padre celestial, fuente de toda bondad. Te damos gracias porque en tu
misericordia nos has llevado a recordar el día glorioso de la natividad de
tu Hijo, y nos concedes contemplarle con los ojos de la fe. ¡Qué inmensa
alegría! Nacido por nosotros, ricos o pobres, nos ofrece dones
maravillosos. Se hace Hijo del hombre para que nosotros lleguemos a ser
hijos e hijas de Dios.
Dios eterno: que el firmamento cante tu alabanza y que la paz sobre la
tierra se nos conceda.
Jesucristo, salvador nuestro, ¿cómo podemos darte gracias por tu amor
infinito? ¡Recibe la alabanza reconocida de nuestros corazones! Ilumínanos
con tu Espíritu Santo para que no nos olvidemos que por la gracia de Dios
nos viene la salvación.
Y ayuda a todos los hombres y mujeres a rechazar las pasiones impías de
este mundo. Así seremos transformados y nuestras vidas serán rectas y
colmadas de tu presencia. Amén.
Esta selección de oraciones ha sido realizada y presentada por el grupo
local. San Cirilo, nacido en Macedonia (Grecia) y de origen griego y
eslavo, tradujo las Escrituras al eslavo, la lengua de su pueblo. La
súplica de “las tres lenguas” se refiere a la herejía originada por el
hecho de que sólo el hebreo, el griego y el latín podían ser utilizadas
como lenguas litúrgicas.
Canto matinal
Dios, Padre nuestro, nos levantamos para decir
Que tu nombre sea alabado en este nuevo día.
Para que teniendo la santidad y la fuerza se eleven nuestras oraciones
Concédenos tus dones buenos y perfectos.
Oh Hijo de Dios, te imploramos
Que todo lo que deseemos, proclamemos y realicemos
Sea siempre agradable a tus ojos
Y se cumpla tu alegría y la nuestra.
Oh Espíritu Santo, preserva del escándalo
A todos los que viven aquí abajo en el tormento y el dolor
Y cuando el día amanezca
Corona nuestras vidas de una gloria resplandeciente.
Jiri Zábojník (1608-1672), pastor luterano
(oración traducida del inglés
por J. Vajda 1969).
Oh Señor, Jesucristo, nuestro pastor
Tú que nos concedes la salvación, la alegría y la fuerza, con amor dirige
tu mirada sobre nosotros, acuérdate de tu rebaño y protégelo.
Los lobos nos rodean y buscan destruir tu amor día y noche. Son muchos, y
sin tu ayuda no podemos. Se acercan a nosotros y tu rebaño está sin
defensa. Intercede por nosotros, Príncipe de la Paz. Tú has muerto por
nuestros pecados, nosotros imploramos tu auxilio, ya que sabemos que sólo
tú nos puedes salvar.
Porque tuya es la gloria y el honor por siempre, oh buen Pastor, Dios
maravilloso, que nos guardas cerca de ti y al final nos llevarás al cielo
junto a tu Padre. Amén.
Par Kristina Royova (1860-1936), en Piesne Sionska (Cánticos de Sión
romancera y compositora de cánticos, personaje clave del movimiento
espiritual eslovaco.
Oración de tradición católica
- Alma de Cristo – Anima Christi
- Letanía del Sagrado Corazón de Jesús
SITUACIÓN ECUMÉNICA DE ESLOVAQUIA
Eslovaquia es un nuevo Estado poblado por antiguas etnias nacionales. Los
5,3 millones de habitantes de la República de Eslovaquia son en su mayoría
eslovacos (86%). Los húngaros constituyen la más importante etnia
minoritaria (11%) y están concentrados en las regiones situadas al sur y
al este del país. En esta parte de Europa, Eslovaquia es la nación que
proporcionalmente abarca la más importante población de gitanos. En efecto,
se estiman en torno a 500.000 personas. Otros grupos étnicos, igualmente,
están presentes, como los checos, los rutenos (o “Rusynos”) los alemanes y
los polacos. Los inmigrantes más recientes, a veces sin papeles, son en su
mayoría originarios de los países más pobres de la Europa del Este.
Grupos compactos de inmigrantes rusos, ucranianos, serbios y búlgaros, se
concentran en las ciudades más importantes.
En esta región, el cristianismo fue introducido en sus principios bajo la
forma oriental durante el siglo IX gracias a la obra misionera de los
santos Cirilo y Metodio. A partir del siglo XI hasta el principio del
siglo XX, el territorio eslovaco actual fue dominado por los húngaros, y
de este modo llega a ser mayoritariamente católico. La renovación nacional
eslovaca fue lanzada en el siglo XIX por intelectuales que deseaban volver
a dar vida a la lengua y a las culturas eslovacas.
La aspiración común de los checos y eslovacos de liberarse del imperio de
los Habsburgo se realizará con la formación de la República checoslovaca
en 1918, seguida de la Primera
Guerra Mundial. El 17 de noviembre de 1989 comienza toda una serie de
manifestaciones públicas –la célebre “Revolución del terciopelo”- que
condujeron a la caída del régimen comunista en Checoslovaquia. En 1992,
las negociaciones para la nueva constitución federal conocen un impás
sobre la cuestión de la autonomía eslovaca, pero a finales de 1992 un
acuerdo concluye en la separación pacífica de Checoslovaquia en dos partes:
la República checa y la República eslovaca (RS).
Las condiciones socio-económicas de la RS son duramente precarias, aunque
generalmente mejores si se comparan con las de los países vecinos situados
al este de Eslovaquia. Después de las importantes elecciones legislativas
que se celebraron en 2002 y que significa la abolición de los partidos
nacionalistas, Eslovaquia presenta su candidatura para llegar a ser
miembro de la OTAN y de la Unión Europea. Esto se acepta. La entrada de
Eslovaquia en el seno de estas dos organizaciones no dejará de influenciar
fuertemente el desarrollo futuro del país.
A nivel nacional la tasa de paro es superior al 15% y en ciertas regiones
sobrepasa el 30%.
Las personas más amenazadas son naturalmente las que conocen el paro a
largo plazo. Los gitanos, las familias monoparentales, los niños y las
familias numerosas son otras categorías vulnerables expuestas al riesgo de
la pobreza. Dada la precariedad de la situación social y sanitaria, la
población gitana tiene una esperanza de vida inferior al 15%
comparativamente a la media del resto de los habitantes eslovacos.
En Eslovaquia el ecumenismo en su forma organizada nació en medio de las
Iglesias protestantes para hacer valer sus intereses en relación con la
mayoría católica. En 1927 se funda la Unión de las Iglesias Evangélicas de
Checoslovaquia (Eslovaquia fue miembro de 1918 a 1993). Fue precisamente
en el seno de esta Unión donde se originaron los primeros contactos con el
movimiento ecuménico internacional todavía muy joven. Los representantes
de ciertas Iglesias habían adquirido una conciencia creciente de la
importancia de este movimiento que comenzaba a desarrollarse en Europa y
en el mundo.
Después de la división de Checoslovaquia en dos Estados diferentes, la
actividad del nuevo
Consejo Ecuménico de las Iglesias de Eslovaquia (COERS) comienza el 15 de
abril de 1993 con su primera asamblea. Éste reagrupa en su seno a las
Iglesias activas en el territorio de la
Republica eslovaca. Actualmente once Iglesias son miembros, mientras tres
de ellas son observadoras.
El contexto ecuménico se caracteriza por una cierta desproporción en el
número de fieles pertenecientes a las diferentes Iglesias. Las cifras
indicadas a continuación, tomadas del censo elaborado en 2001, darán una
idea del reparto de los cristianos en Eslovaquia: católicos
(72,9%): (latinos: 68,9% y greco-católicos: 4%); luteranos (6,9%);
reformados (2,03%); ortodoxos (0,93%); restantes confesiones (menos de
0,1%). Hay una cierta correlación entre la afiliación religiosa y la
pertenencia a una etnia. La mayoría de los cristianos reformados son de
origen húngaro y la mayor parte de los ortodoxos son inmigrantes rutenos o
ucranianos. La población total de Eslovaquia se eleva a 5,3 millones de
habitantes. En tal contexto, el Consejo Ecuménico representa
principalmente a las “más pequeñas Iglesias”. Por ahora, según el censo de
2001, el número de personas que se declararon pertenecientes a una
confesión religiosa en Eslovaquia pasa del 72% (1991) al 84% (2002). Este
ascenso se debe en parte a las reticencias de ciertos grupos religiosos a
declarar su pertenencia religiosa en 1991 y a la obra misionera de las
Iglesias en Eslovquia.
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