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Misioneros del Verbo DivinoNuestra Misión ante el 2000 |
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Informes Provinciales para el XV Capítulo GeneralContenidosPresentación
Publicaciones SVD
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LA SVD EN 4 ZONAS
De ahí que, al igual que otros institutos religiosos y misioneros, la SVD esté empeñada en encontrar pistas y maneras prácticas de vivir su unidad interna en la pluralidad geográfica y cultura de su desarrollo externo. Una de esas concreciones prácticas que, desde los años 70, viene perfilándose con fuerza en la vida de la Congregación son las "zonas". En forma espontánea y siguiendo un tanto el modelo de la misma Iglesia en sus federaciones eclesiásticas continentales, se han conformado 4 zonas que abrazan las 47 Provincias y 7 Regiones en que, a nivel mundial, se desmembra la SVD actualmente. Por orden alfabético: AFRAM (Africa y Madagascar), ASPAC (Asia y el Pacífico), EUR (Europa) y PANAM (las Américas). Las razones que han impulsado este nuevo desarrollo arrancan de los objetivos y tareas misioneras de la Congregación. Algunas de ellas son las siguientes:
El funcionamiento de la Zona está reglamentado por los respectivo estatutos zonales. Éstos, a su vez, se atienen a las directivas entregadas por el Generalato para asegurar a este respecto la necesaria unidad. Por disposición del Capítulo General de 1994, "la instancia de liderazgo y animación a nivel zonal es la asamblea compuesta por los superiores provinciales/regionales y el coordinador zonal, y por los secretarios de las diversas áreas (de trabajo), si los provinciales/regionales lo juzgan oportuno." Con el fin de estrechar los lazos de colaboración entre las zonas y el Generalato, los 4 coordinadores zonales acuden todos los años a Roma para tener un encuentro ampliado con la Dirección General en Roma. La experiencia, relativamente breve, que la Congregación ha hecho del funcionamiento de las zonas se ha demostrado altamente positiva. La estructura zonal ha pasado a ser una plataforma de comunión y participación de la vida y misión de la Congregación. Hay que admitir que el peligro de encerrarse en el pequeño mundo circundante es una real amenaza también para una comunidad eclesial. Sin embargo, hoy más que nunca, un instituto misionero está llamado a mantenerse abierto a la dimensión mundial de la Iglesia, a la dimensión universal del Reino de Dios, del cual ella es signo y sacramento. Allí no existen fronteras de ninguna clase. Los múltiples programas que cada zona ha podido realizar en estos años han contribuido a poner a la Congregación, con más determinación, en este camino de comunión y participación. |