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General Chapter XVIII (2018)


GC XVIII-2018

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HOMILÍA MISA CON MOTIVO
DE LA ELECCIÓN DEL SUPERIOR GENERAL

4 DE JULIO DE 2018

Santa Misa en honor de la Virgen María, Theotokos, Madre de Dios
Gálatas 4,4-7
Salmo 67,2-3,5,6,8
Lucas 2,16-21

Antes de compartir con ustedes algunas reflexiones, permítanme compartir con ustedes mis sentimientos. Me estoy relacionando con ustedes de manera personal durante la celebración de la Eucaristía en honor a la Santísima Virgen María. Todos sabemos que María, la madre de Dios, al igual que otras madres y otras mujeres, nos recuerda que los sentimientos son parte integral de nuestra vida como seres humanos. Las horas más difíciles para mí fueron ayer por la mañana, durante y después del sondeo. Sabía que mi nombre se había mencionado en mi grupo básico, pero esperaba aún estar a salvo porque se estaban teniendo en cuenta otros nombres. Siempre tuve presente mi ilusión de los últimos tres años y la cual era que después de estos seis años en Roma como Consejero General, solicitaría una misión en Liberia (provincia de Ghana) o Humaita (provincia de Brasil Central). Sin embargo, con el resultado del sondeo ayer por la mañana, me sentí angustiado. Me conozco a mí mismo, mis muchas limitaciones y también tengo en cuenta que durante los últimos seis años formé parte de un importante equipo de liderazgo en nuestra Congregación. Además, ser el sucesor del P. Heinz Kulueke, P. Antonio Pernia y todos los demás superiores desde la época de San Arnoldo no es una tarea fácil.

Durante esos inquietantes momentos de incertidumbre e incluso de miedo, hablé con algunos cohermanos con los que compartí mis sentimientos. Muchos cohermanos me animaron al decirme: confianza, confianza en la guía del Señor que sabe lo que es mejor para la Congregación; confianza en los cohermanos que están discerniendo durante estos días con la ayuda de la Hna. Miriam Altenhofen y el P. Tim Norton. Además, la palabra confianza, me hizo sentir tranquilo. Así que debo decirles que llegué esta mañana al Plenum para las elecciones con un corazón tranquilo y que estaba abierto a aceptar lo que decidieran los capitulares.

Mirando a María, la madre de Dios y nuestra madre, quiero llamar su atención sobre los siguientes puntos. El primero es confianza. La confianza es lo que María vivió y para lo que vivió. Ella vivió de la confianza de que Dios tenía una buena intención al llamarla a ser la madre de un niño sin tener un marido; vivió de la confianza de que no estaba sola en su sufrimiento como madre de Jesús y que el sacrificio que se le pidió no era en vano. Esta confianza era evidente en la vida de María, y ella dependía de la confianza: alentó a los sirvientes en la boda en Canaán a confiar en Jesús y a seguir lo que él les ordenara que hicieran. Después de la resurrección, ella oró junto con los apóstoles, fortaleciéndolos para confiar en lo que Jesús había prometido.

Confianza en Dios, como lo menciona el P. Joseph Alt, el biógrafo de nuestro Fundador, es una de las tres características principales de nuestro Fundador, San Arnoldo Janssen. La confianza es la primera de las tres palabras que el Papa Francisco nos dijo durante la Audiencia Papal como necesaria para nuestra renovación espiritual. La renovación espiritual, como principal objetivo de nuestro Capítulo, significa, antes que nada, una invitación y un llamado a fortalecer nuestra confianza en el Señor. Cuanto más enraizados estamos en la Palabra, más nos damos cuenta de que nuestro Dios es un Dios digno de confianza. Además, este Dios pone su confianza en nosotros y nos confía sus Buenas Nuevas de salvación. Profundizar nuestra confianza en el Señor nos ayudará a confiar el uno en el otro. Nuestra renovación espiritual nos ayudará a sanar cualquier confianza que se haya roto: la confianza entre los líderes y los cohermanos, la confianza de los cohermanos y sus líderes y otras situaciones similares. Necesitamos fortalecer la confianza mutua con nuestros socios laicos. Necesitamos confiar en que cada uno de nosotros ha recibido regalos únicos por el bien del Reino de Dios. Nuestra lectura de la Biblia ayer también nos recordó por qué podíamos confiar en Dios, depositar en él nuestras preocupaciones porque él se preocupa por nosotros (Pedro 5, 7).

El segundo punto a considerar cuando nos enfocamos en María es el papel de una madre como formadora. Como madre, María fue influyente en la formación de Jesús, preparándolo para lo que llegaría a ser en su misión. Preparar a las personas, preparar a nuestros jóvenes cohermanos para la misión es una tarea crítica para toda la Congregación. Como mencioné durante mi intervención ayer, la formación, tanto inicial como permanente, para nuestra vida y misión intercultural es crucial para nosotros. Esto también incluye la formación para que los laicos vivan su dignidad dada por Dios, para que sean corresponsables en la construcción de la Iglesia.

El tercer punto que me viene a la mente mientras sigo hablando de María es su corazón y su preocupación por los pobres. María tiene el corazón de una madre que palpita por los pobres, que siente la necesidad de la gente y se atreve a llevar a cabo los pasos necesarios para atender sus necesidades. Nuevamente podemos ver el papel de María en la boda de Caná. En el Magníficat, como mujer y como futura madre, levanta la voz como profeta y, con genuina convicción, exclama que a los humildes y los pobres les llegará la justicia. Aquí se nos recuerda que, como misioneros, necesitamos un corazón que sienta el dolor de la gente, especialmente los pobres y oprimidos; una mente que busca la manera y los medios para ayudar a los marginados, de defender sus derechos; y manos y pies que trabajen con y para los pobres. Este es el llamado de Jesús, la inspiración que recibimos de nuestro Fundador y la Generación Fundadora, y el compromiso que queremos renovar después de este XVIII Capítulo General. En los pobres y marginados vemos el rostro del Señor. Inter gentes, para estar entre la gente, sentir sus alegrías y esperanzas, tristezas y angustias de la gente (GS 1), y para poner en primer lugar a los últimos inspirados y guiados por la administración de este generalato.

El cuarto punto es el papel de María, la madre de Dios, para ayudar a construir la comunidad. María es la madre de Dios y la madre de la Iglesia, la Iglesia como comunión, como una comunidad de hermanos y hermanas, de los fuertes y los débiles, de los valientes y los temerosos. Como religiosos, nuestra fortaleza es nuestra vida comunitaria, y como Misioneros del Verbo Divino nuestra comunidad es intercultural. Necesitamos alimentar nuestra apertura y voluntad de vivir y trabajar como hermanos provenientes de diferentes grupos étnicos y culturales y nacionalidades. En estas comunidades, aprendemos a cuidarnos unos a otros, especialmente a aquellos que enfrentan dificultades. Nuestra renovación es una renovación de la vida comunitaria.

Queridos hermanos y hermanas: Hoy, justo antes de las elecciones, Marek Vanus, nuestro excelente coordinador bíblico, y José Antunes me animaron con estas palabras: «Cuando seas elegido, no te olvides de la Biblia y de los pobres» Creo que esto resume lo que acabo de compartir con ustedes. No debemos olvidar la Palabra de Dios y los pobres y siempre encontrar la inspiración y la fuerza en la Palabra de Dios para nuestro trabajo para y con los pobres, viendo en los rostros de los pobres el rostro del Señor mismo. Necesitamos escuchar la Palabra de Dios en el clamor de nuestra madre tierra, un llamado al que debemos responder hoy. Que María, la Madre de Dios y nuestra Madre, que nuestro Fundador San Arnoldo, nuestro misionero ejemplar José Freinademetz, las Beatas María Helena y Josefa, nuestros Beatos Mártires, intercedan por nosotros.

Por último, quisiera agradecer a cada uno de ustedes la confianza que han depositado en mí como el Doceavo Superior General de la Congregación. Si me lo permiten, me gustaría usar las mismas palabras que el Papa Francisco dijo a la multitud reunida en la Basílica de San Pedro durante su elección como Papa: Por favor, oren por mí.

Budi Kleden