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Spiritual Animation — Animación espiritual

Lived Experiences: Joys and Challenges

# 14 Documents of the 18th General Chapter SVD 2018


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Every seed needs a fertile environment to shoot up into a plant. And every Divine Word missionary needs a cultural environment to sprout.

Like seeds, we are scattered abroad. We are sown in cultures. We germinate in cultures and bear fruits in cultures.

As Divine Word missionaries, we embrace an incarnational approach to spirituality and mission. ‘The word became flesh and dwelt among us’ (Jn 1:14).

By allowing ourselves to be buried in cultures, our lives are intertwined with the lives of others and in the process we become living expressions of the Word and outward signs that convey grace.

Intercultural living is not merely a means to do mission. It is mission in itself. We share our lives with others.

We nourish our faith in our religious communities through prayer. Notably, devotions to the Holy Trinity, the Holy Spirit, the Sacred Heart, Mother Mary and other forms of prayer.

We do not work alone; we work hand in hand with our SSpS sisters, SSpSAp sisters and also our lay partners.

Rooted in the Word, we sprout out branches that offer shelter to the poor, the sick, the marginalized, those who have nowhere to lay their heads and those who long and yearn for good news. We bring hope to them. A proclamation of the Word without sharing in the concrete life situation of the people can be likened to building a beautiful sand castle at the beach. It does not last. Without sharing in the concrete life of the people, we only end up providing answers to questions that are not being asked and solutions to problems that are not there.

In the faces of the people we serve, we find the face of God. As they share their lives with us, we become characters in their stories, and as we share our lives with them, they too become characters in our stories. It is in this context that we can talk of lived experiences, characterized by joys and challenges. Sometimes we laugh out loud and at other times we bury our tear-filled eyes in our pillows. The joy of one is the joy of all and the pain of one is the pain of all. Hand in hand we journey towards the bright light that awaits all of us.

Fr. Andrews Obeng, SVD (GHA)

 

Experiencias vividas: alegrías y desafíos

# 14 Documentos del XVIII Capítulo General SVD 2018


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Cada semilla necesita un ambiente fértil para convertirse en una planta. Y cada misionero del Verbo Dvivino necesita un ambiente cultural para brotar. Como las semillas, somos esparcidos en el extranjero. Estamos sembrados en las culturas. Germinamos en las culturas y fructificamos en las culturas. Como misioneros del Verbo Divino, adoptamos un acercamiento desde la Encarnación en la espiritualidad y la misión. "La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14).

Dejándonos ser enterrados en las culturas, nuestras vidas se entrelazan con las vidas de los demás y, en el proceso, nos convertimos en expresiones vivas de la Palabra, y señales externas que transmiten la gracia.

La vida intercultural no es simplemente un medio de hacer misión. Es misión en sí misma. Compartimos nuestras vidas con los demás. Alimentamos nuestra fe en nuestras comunidades religiosas por medio de la oración. En particular, las devociones a la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, el Sagrado Corazón, la Virgen María y otras formas de oración. No trabajamos solos; trabajamos codo con codo con nuestras Hermanas SSpS, SSpSAp y también con nuestros socios laicos.

Enraizados en la Palabra, hacemos que nos broten ramas que ofrecen refugio a los pobres, enfermos, marginados, aquellos que no tienen dónde reclinar sus cabezas y aquellos que anhelan buenas noticias. Les traemos esperanza. Una proclamación de la Palabra que no comparte la situación concreta de la vida de la gente puede asemejarse a construir un hermoso castillo de arena en la playa. No dura. Sin compartir la vida concreta de las personas, solo terminamos proporcionando respuestas a las preguntas que no se hacen y soluciones a los problemas que no existen.

En los rostros de las personas a quienes servimos, es donde encontramos el rostro de Dios. Cuando comparten sus vidas con nosotros, nos convertimos en personajes de sus historias, y al compartir nuestras vidas con ellos, ellos también se convierten en personajes de nuestras historias. En este contexto podemos hablar de experiencias vividas, caracterizadas por alegrías y desafíos. Algunas veces nos reímos en voz alta y otras veces enterramos nuestros ojos llenos de lágrimas en nuestras almohadas. La alegría de uno es la alegría de todos y el dolor de uno es el dolor de todos. Juntos de la mano, nos encaminamos hacia la luz brillante que nos espera a todos.

P. Andrews Obeng, SVD (GHA)

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